La Tilma de Juan Diego: Historia, Ciencia y Misterio
Qué Es la Tilma
La palabra tilma viene del náhuatl tilmatli, la capa exterior que usaban los hombres indígenas en el centro de México en la época de la conquista española. Era una prenda sencilla: una pieza de tela gruesa envuelta sobre los hombros y atada al frente. La tilma de Juan Diego estaba tejida con fibras de agave, un material vegetal grueso adecuado para el uso cotidiano en un clima duro.
No era un objeto de valor. No fue hecha para durar.
Cuando Juan Diego abrió esa capa frente al Obispo Juan de Zumárraga el 12 de diciembre de 1531 y las rosas cayeron al suelo, lo que todos en la habitación vieron fue un milagro impreso en algo desechable: el mensaje del cielo entregado en el tipo de tela que normalmente duraría una década antes de deshacerse.
Casi cinco siglos después, la tilma todavía existe. Cuelga sobre el altar mayor de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, detrás de un vidrio a prueba de balas en una caja con clima controlado, tan vívida como el día en que apareció la imagen. Más de veinte millones de peregrinos al año vienen a ponerse bajo ella.
Nadie ha explicado por qué.
La Descripción Física
La tilma consiste en dos piezas de tela unidas en el centro por una costura vertical, que mide aproximadamente 1.70 metros por 1.05 metros. La costura atraviesa visiblemente el centro de la imagen, pasando entre los ojos de la Virgen. La tela está tejida con fibra de agave popotule, también conocida como ixtle, un material de origen vegetal que usaban comúnmente los nahuas del siglo XVI.
La imagen ocupa la mayor parte de la superficie: una mujer joven de pie con las manos unidas en oración, vestida con una túnica color rosa y un manto azul-verdoso cubierto de estrellas doradas, de pie sobre una luna creciente, los rayos del sol irradiando detrás de ella, un ángel a sus pies. Sus rasgos son los de una mujer mestiza. Sus ojos miran hacia abajo con humildad.
La imagen lleva allí desde 1531. La pregunta que ha ocupado a científicos, artistas y teólogos durante casi cinco siglos es cómo.
Lo Que la Tela Debería Haber Hecho
La fibra de agave es un material perecedero. En condiciones normales, una tilma como la de Juan Diego debería haberse desintegrado en quince a treinta años. Las fibras se descomponen con la humedad, la luz solar y el manejo físico. No se conoce ningún tratamiento especial que hubiera podido preservar la tela.
Durante los primeros 116 años de su existencia, de 1531 a 1647, la tilma colgó sin ningún vidrio protector, directamente expuesta al humo de decenas de miles de velas, al aire húmedo y polvoriento de la antigua capilla, y al tacto de innumerables peregrinos que se acercaban a venerarla. Por cualquier estándar natural, debería haber sido irreconocible en una generación.
En 1787, el Dr. José Ignacio Bartolache encargó dos copias idénticas de la imagen, pintadas sobre tela de agave similar utilizando las mejores técnicas de la época. Colocó estas copias en el mismo ambiente cerca de la Basílica. Ninguna duró diez años. Ambas se deterioraron y se deshicieron. El original, que ya llevaba más de dos siglos y medio de existencia en ese momento, permaneció sin cambios.
Los adornos que se añadieron a la tilma en distintos momentos después de su creación, incluyendo una corona pintada, ángeles añadidos a la composición, y el oro y la plata aplicados a los rayos y la luna, se han desvanecido y desaparecido con el tiempo. La imagen original no.
Lo Que la Ciencia Ha Encontrado
La tilma ha sido examinada por pintores, médicos, químicos, astrónomos y especialistas en imágenes a lo largo de cuatro siglos. Los hallazgos son consistentes en un aspecto: la imagen original desafía las explicaciones disponibles para cada generación de investigadores.
En 1751, Miguel Cabrera y otros seis maestros pintores examinaron la tilma directamente e identificaron cuatro técnicas pictóricas distintas presentes en la imagen. Su conclusión, publicada en Maravilla Americana (1756), fue que ningún pintor de su época podría haber combinado esas técnicas sobre una superficie de agave sin preparación previa.
En 1936, el bioquímico Richard Kuhn, quien ganaría el Premio Nobel de Química dos años después, analizó muestras de fibra de la tilma y determinó que los pigmentos usados no correspondían a ninguna fuente conocida, ya fuera natural, animal o mineral.
En 1979, el Dr. Philip Serna Callahan, biofísico de la Universidad de Florida y consultor de la NASA, fotografió la imagen bajo luz infrarroja. Encontró que las porciones originales del rostro, las manos, la túnica y el manto de la Virgen habían sido aplicadas sin boceto subyacente, sin pinceladas y sin correcciones, apareciendo como si hubieran sido producidas en un solo paso. Los elementos añadidos muestran evidencia de pintura humana. La imagen original no.
Las Estrellas del Manto
Una de las características más estudiadas de la tilma son las estrellas distribuidas sobre el manto azul-verdoso de la Virgen. A simple vista parecen simplemente indicar que María viene del cielo. Pero en 1981, el astrónomo Padre Mario Rojas y el Dr. Juan Homero Hernández realizaron un estudio detallado del patrón de estrellas.
Cuando trazaron las estrellas tal como aparecen en el manto, descubrieron que el arreglo coincidía con la configuración exacta de las constelaciones en el cielo sobre el centro de México en la mañana del invierno del 12 de diciembre de 1531, la fecha exacta de la aparición final y la imagen milagrosa.
Las estrellas no son decoración. Son un mapa del cielo en el momento en que la imagen apareció.
Los Ojos de la Tilma
Los ojos de la Virgen en la tilma miden aproximadamente siete y ocho milímetros. Sin embargo, han atraído más atención científica que casi cualquier otra característica de la imagen.
En 1929, el fotógrafo Alfonso Marcué González notó por primera vez lo que parecía ser una figura humana reflejada en los ojos al estudiar una fotografía de alta resolución. En 1956, el oftalmólogo Dr. Javier Torroella Bueno examinó los ojos con un oftalmoscopio y encontró que los reflejos en las córneas seguían la ley óptica de Purkinje-Sanson, el principio que describe cómo un ojo humano vivo refleja los objetos que tiene delante.
Un ojo pintado no se comporta así. Los reflejos observados son consistentes con lo que aparecería en un ojo real en el momento de mirar algo.
El ingeniero José Aste Tonsmann, del Centro Mexicano de Estudios Guadalupanos, pasó más de veinte años analizando los ojos con tecnología de procesamiento digital desarrollada para imágenes satelitales. Identificó al menos trece figuras reflejadas en las pupilas e iris de ambos ojos, presentes en proporciones diferentes en el ojo izquierdo y el derecho, tal como ocurriría con los reflejos en un ojo humano vivo.
Su interpretación es que los ojos de la Virgen están reflejando la escena en la habitación del obispo el 12 de diciembre de 1531, en el momento exacto en que Juan Diego abrió su tilma y apareció la imagen.
Dónde Está la Tilma Hoy
La tilma cuelga detrás del altar mayor de la Nueva Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, en una caja con clima controlado detrás de un vidrio a prueba de balas. Las cintas transportadoras llevan lentamente a los peregrinos bajo ella, cada persona recibiendo unos segundos directamente debajo de la imagen antes de seguir adelante.
La imagen visible desde esas cintas es la misma imagen que apareció el 12 de diciembre de 1531. No se ha aplicado ninguna restauración al original. Los colores no han sido retocados. Casi cinco siglos de peregrinos han pasado bajo ella, y luce igual para quienes pasan bajo ella hoy que para el Obispo Zumárraga cuando cayó de rodillas.
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Fuentes: Caballeros de Colón, "Claims about the Tilma and the Image" (kofc.org); Magis Center, "The Science Behind Juan Diego's Tilma"; Miguel Cabrera, Maravilla Americana (1756); CERC, "Science Sees What Mary Saw from Juan Diego's Tilma."
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